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Descubre los diferentes tipos de inteligencia emocional

Cobee Team |

Aunque llevamos tiempo hablando de la aplicación práctica de la Inteligencia Emocional en los entornos laborales, no ha sido hasta hace cinco años que ha cobrado verdadera relevancia. Actualmente, los diferentes tipos de Inteligencia Emocional son tan importantes como los perfiles profesionales que necesita una organización.

Tabla de contenidos

Explorando los tipos de inteligencia emocional

Inteligencia espiritual, empatía en el trabajo, soft skills… ríos de tinta corren en torno a términos que no hacen sino explorar los diferentes tipos de inteligencia emocional.

Definición y relevancia

La Inteligencia Emocional se refiere a la capacidad de reconocer, entender y gestionar nuestras propias emociones y para poder hacer lo propio con las de los demás. En las relaciones de trabajo y en el liderazgo se considera fundamental. Su efecto sobre la motivación de los equipos de trabajo, el desarrollo y productividad, o la capacidad para generar entornos de trabajo saludables resulta fundamental.

Origen del término con Daniel Goleman

Daniel Goleman, psicólogo estadounidense que teorizó sobre la Inteligencia Emocional con gran éxito en los 90, presupone varios tipos de Inteligencia Emocional:

  • Autoconciencia (Self-awareness): la capacidad de reconocer y entender nuestras propias emociones, así como sus efectos en nuestro comportamiento y pensamientos.
  • Autorregulación (Self-regulation): la capacidad de manejar y controlar nuestras emociones de manera saludable y constructiva.
  • Motivación intrínseca (Motivation): la capacidad de canalizar nuestras emociones para alcanzar metas y ser persistentes frente a los obstáculos.
  • Empatía (Empathy): la capacidad de entender y compartir los sentimientos de los demás.
  • Habilidades Sociales (Social Skills): la capacidad de gestionar las relaciones con los demás de manera efectiva.

Importancia en la vida cotidiana

Las aplicaciones de la Inteligencia Emocional son esenciales, como hemos dicho, para incrementar las posibilidades de colaboración entre profesionales o para alcanzar el rol de líder efectivo, pues contribuye a motivar y guiar a su equipo estableciendo una comunicación y comprensión de relaciones personales estratégica.

Sin embargo, implica, sobre todo, el desarrollo personal, pues parte del autoconocimiento y la autorregulación, fundamentales para el crecimiento y la mejora personal.

Componentes Clave de la Inteligencia Emocional

Dicho lo anterior, no cabe duda de que algunos de los componentes clave en todos los tipos de Inteligencia Emocional son:

  • La capacidad de Reconocimiento de Emociones Propias y Ajenas.
  • La capacidad de Diferenciación y Comprensión de Emociones.
  • La capacidad de Gestión y Regulación Emocional.

Habilidades Derivadas de la Inteligencia Emocional

Así pues, algunas de las habilidades derivadas de los distintos tipos de Inteligencia Emocional son:

Reflexión interna profunda o autoconocimiento

Conocimiento emocional, es decir, ser consciente de las propias emociones y cómo afectan a los demás. Pero también de nuestras propias fortalezas y debilidades para aumentar la confianza en uno mismo.

Mejora en comunicación verbal y no verbal

Saber escuchar, interpretar y transmitir mensajes claramente posibilita otras habilidades, por ejemplo, el manejo de conflictos, siendo capaz de negociar y resolver desacuerdos; de inspirar y guiar a individuos y grupos; de trabajar con otras personas hacia metas comunes, etc.

Desarrollo de la empatía

Cultivar la empatía para por la escucha activa de los demás para intentar ver las situaciones desde la perspectiva de los otros. Percibir los sentimientos, necesidades e intereses de otras personas respecto a un hecho o situación permite ayudar a los demás a mejorar y crecer, a satisfacer sus necesidades y a cultivar un liderazgo transformador y humanista.

Aprender a decir no priorizando el bienestar propio

Una de las facetas que más se reclaman dentro de la Inteligencia Emocional en los últimos años es el saber decir que no. Esta es una habilidad esencial para mantener el bienestar propio y evitar el agotamiento y el estrés, o para acabar participando de proyectos que no están alineados con nuestros valores éticos y morales o, incluso, que no se sitúan dentro del marco legal, haciéndonos sentir incómodos e incómodos.

Para saber decir no sin culpa es necesario identificar nuestros límites y prioridades, tanto personales y profesionales, así como aquellas líneas rojas que no estamos dispuestos a pasar.

Saber anteponer los intereses propios e incluso colectivos a quienes no los respetan blinda nuestra confianza, autoestima y seguridad, y nos ayuda a reconocer el valor de nuestro tiempo y energía. 

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