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¿Qué es la cultura empresarial?

Cobee Team |

La cultura empresarial es un concepto que ha llegado para quedarse, una fórmula para acercar la filosofía de una compañía tanto a los clientes como a los proveedores y los propios trabajadores.

Generalmente hace referencia al conjunto de creencias compartidas por los miembros de una misma organización. Estas creencias, hoy en día, van más allá de la ideología, los símbolos, la forma de gestionar u organizar la empresa, o incluso de los objetivos que persigue en el mercado.

La cultura empresarial habla, hoy en día, de valores: de una determinada forma de concebir la manera de producir, de relacionarse con los trabajadores o con la audiencia, y de comportarse con la sociedad y responder a sus necesidades más allá de los clientes.

Tabla de contenidos

La cultura empresarial más allá de la organización

Así que, cultura empresarial…, ¿qué es realmente hoy en día? ¿A qué se refiere? No se trata de la forma de vender o de qué bienes o servicios sacar al mercado, sino de cómo hacerlo para contribuir a una sociedad y a un mundo mejor.

De hecho, lo que se ha conocido siempre como cultura empresarial organizativa o cultura organizacional (CO) pasa hoy a un segundo plano para dejar espacio a la cultura de responsabilidad social y sostenible, que lo determinan todo, dentro y fuera de la empresa: formas de gestión, de extracción, de producción, de comunicación, de transporte y logística, etcétera.

Por esa razón, la cultura de una empresa está cada vez más ligada a conceptos como el respeto medioambiental, la sostenibilidad, la justicia social o los derechos humanos.

La cultura de una empresa, en definitiva, define sus principios morales, aquellos que, en su opinión, deberían imperar en la sociedad a la que se dirige.

¿Por qué es tan importante la cultura empresarial?

La cultura de una empresa sienta las bases de una determinada filosofía de trabajo dentro de la organización. Pero también crea su propia identidad de cara al exterior. 

La primera es importante porque sirve de reclamo a ese talento que busca alinearse con organizaciones de sus mismos valores. La segunda, porque lo hará con el consumidor y la denominada experiencia de usuario.

En otras palabras: aquellas organizaciones cuyo concepto de cultura empresarial logre conectar con una amplia mayoría, podrá abrirse un importante hueco en el mercado.

Y es que, actualmente, el cliente, ya lo sabemos, no lo es todo. A él se suma una amplia legión de fans y seguidores de tendencias que, sin ser necesariamente potenciales clientes, pueden ensalzar o echar por tierra hasta la campaña de venta más ambiciosa. A golpe de clic y de comentarios. 

Así que, hoy más que nunca, la cultura empresarial necesita conectar con los valores de una amplia mayoría generacional

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Cultura empresarial en la era de la justicia social y climática

Pongamos un ejemplo. Hoy en día, los consumidores no solo reclaman productos de calidad y que satisfagan sus necesidades más prosaicas, quieren que lo hagan de forma justa.

Así, las nuevas generaciones, cada vez más comprometidas con el futuro de su planeta y de la sociedad, acuden a los comercios en busca de artículos que ofrezcan una alternativa viable de desarrollo.

Estamos hablando, por ejemplo, de productos fácilmente reciclables, que minimicen el impacto de su huella de carbono, que tengan una vida larga o una segunda vida, etc. No solo eso. Que se trate de artículos producidos en situaciones justas, con trabajadores en condiciones acordes a la legalidad y correctamente remunerados.

Obviamente, una empresa que cultiva estos valores en los bienes y servicios que lanza al mercado, hará lo propio en el seno de su organización, respecto a los trabajadores, proveedores, clientes…. Así lo entiende el nuevo consumidor, y así quiere que sea.

Una cultura empresarial alineada en valores como estos contribuirá al desarrollo de su marca y de su actividad en condiciones óptimas. 

Elementos de la cultura empresarial: no todo es comunicación

El concepto de cultura empresarial es hoy más fuerte que nunca.

La sociedad, cada vez mejor formada y más informada, exige transparencia a las empresas, y a estas no les queda más remedio que “desnudarse” ante la evidencia.

Si hace unos años la cultura empresarial se valía de la comunicación para hacer llegar un mensaje determinado, hoy, más que nunca, está supeditada a su actos diarios.

Es decir, de nada sirve a una empresa textil vender una imagen de marca próxima a la naturaleza y realizar campañas en favor de la preservación de ciertos ecosistemas, si después no predica con el ejemplo. 

Una cultura empresarial que realmente quiera hacerse valer, tendrá que lograr que todos sus trabajadores y proveedores se alineen con dichas creencias.

Nos explicamos. Si esa empresa emplea tintes nocivos para el medioambiente, sistemas de producción muy contaminantes o si explota a sus trabajadores en países en vías de desarrollo, de nada le servirá crear una cultura corporativa impecable en base a símbolos gráficos amables o acciones benéficas puntuales. 

Encontramos muchos ejemplos de cultura empresarial que han sucumbido, a pesar de parecer intachables, a la audacia de consumidores muy bien informados.

Una cultura empresarial que realmente quiera hacerse valer, tendrá que lograr que todos sus trabajadores y proveedores se alineen con dichas creencias.

Cultura corporativa en una empresa: de todos para todos

Para ello, la cultura corporativa en una empresa ha de resultar, cuanto menos, razonable y atractiva, para lograr la adhesión de todos los profesionales implicados

Estos se mostrarán más motivados si trabajan para una empresa que cree firmemente en su responsabilidad social y que logra hacer cómplices a sus trabajadores de los logros cosechados en pro del bien común.

Atrás quedaron esos ejemplos de cultura empresarial que caían en la burocracia, el autoritarismo o la imposición. Hoy, la cultura de la empresa la construyen todos sus miembros, sin importar su rango en la escala de la organización ni sus competencias. 

Pero para lograr su compromiso, dicha cultura ha de ser loable, cuanto menos respetable, y favorecer y reconocer la confianza, la transparencia, la tolerancia y el esfuerzo.

Si la empresa logra este objetivo, las líneas entre lo profesional y lo personal se desdibujarán. El trabajador se convertirá en un prescriptor reconocido de su marca y en su principal valedor.

Actualmente, son muchas las empresas que han impulsado esa transformación y cambio en su cultura empresarial. 

Conscientes de que han de adaptarse a las nuevas exigencias de la sociedad y del mercado, han abrazado culturas corporativas que se asientan sobre la confianza mutua, la colaboración y los objetivos compartidos. Han entendido que ese es el camino hacia la competitividad y sostenibilidad de la empresa.

¿Cómo orientar la empresa a una nueva cultura corporativa?

Cultura de la prevención, cultura innovadora o creativa, centrada en el cliente…  No importa qué tipo de cultura empresarial centre la apuesta corporativa, lo importante es que esta sea coherente, compartida por todos los profesionales implicados y alcanzable. 

También es necesario que se enmarque dentro de los objetivos internacionales, europeos y nacionales en materia de desarrollo y políticas laborales: la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, por ejemplo, o el compromiso por la igualdad de género.

Pero, ¿cómo lograrlo incluso cuando se trata de una pequeña empresa? Estos son algunos pasos a seguir:

  • Identificar aquellos valores a los que la empresa quiere adherirse de forma prioritaria y que estos sean compartidos por la plantilla y por la sociedad en general. En este sentido, se deben incrementar los esfuerzos en las tareas de selección y contratación de profesionales afines, por un lado, y en mantener la coherencia entre la política empresarial sobre el papel y las acciones reales tanto dentro (organizativas) como fuera (de mercado).
  • Arrancar el compromiso de todas las personas implicadas y lograr la cohesión en torno al proyecto. Para ello, la implicación de los trabajadores es vital y esto requiere de ciertas dosis de información y formación respecto a la consecución de los retos marcados: por qué, cómo, cuándo, etc.
  • Favorecer la digitalización. Habilitar herramientas tecnológicas y canales de comunicación interna y externa que fomenten la transparencia y la colaboración en torno a ese nuevo concepto de cultura empresarial. 
  • Mejorar el sistema retributivo, los roles y la organización interna para que sea equitativa y justa, así como la participación de los trabajadores en los beneficios de la empresa. De esta forma, la empresa logra un mayor grado de motivación en su plantilla, que se sentirá partícipe de una organización corresponsable. Por ejemplo, la Retribución Flexible es una de las fórmulas para mejorar el sistema interno de retribuciones.
  • Facilitar un salario emocional que ponga en el centro de la estrategia corporativa al trabajador y sus necesidades, favoreciendo así su bienestar, su implicación con la organización y su alineación con esa nueva cultura corporativa.

Al contrario de lo que pueda parecer en un principio, instaurar una cultura corporativa acorde a los nuevos tiempos requiere más de organización y planificación que de presupuesto. 

Cierto es que la hazaña precisa de personal adecuado en el departamento de RRHH, profesionales motivados y comprometidos con el cambio. Sin embargo, gracias a la automatización y digitalización de procesos en tareas de gestión, dichos responsables podrán olvidarse de tareas repetitivas y tediosas para centrarse en aquellas que realmente aportan un valor añadido y distintivo a su organización, como es el diseño de esa nueva cultura corporativa. 

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